domingo, 18 de junio de 2017

Día del padre ¿Solo una celebración comercial? Por Roberto Estévez.



El día del padre[1] es una de varias celebraciones comerciales, para que gastemos dinero en una época del año donde no gastamos tanto como en Navidad (que irónicamente no era una fiesta comercial cuando comenzó a celebrarse[2])

Sin embargo, con la edad uno va descubriendo que no importa tanto quién invitó a la fiesta cuanto poder ir cultivando la idea de que la vida es la fiesta y que quien, a pesar de los inevitables claroscuros de su tiempo, aprende a vivirla, puede llegar a vivirla para siempre[3].

Cada fiesta puede llegar a traernos una buena noticia. Este domingo se vuelve así un recuerdo de la paternidad y una invitación a la celebración de lo masculino.

Después del feminismo y después del machismo[4], es oportuno pensar qué es ser varón y qué es ser mujer.


El problema de lo masculino después del feminismo

El significado originario de Adán no es “varón”, sino “ser humano”. Dios formó al ser humano de la tierra. Adán viene de “Adama” (= suelo, tierra). Él ha sido tomado de la tierra y a la tierra volverá con la muerte. Pero la tierra recibe el hálito de vida que Dios insufló a Adán en su nariz. Así, pues, hay a la vez algo divino en el ser humano[5].

El ser humano se siente solo. Dios crea entonces toda clase de animales y se los presenta. Él pone a cada cual su nombre. Pero en ellos “no encontró una ayuda adecuada”[6]. En el mítico relato (“Palabra de Dios en lenguaje humano”), de la costilla de Adán, Dios crea entonces una mujer. De ella puede decir Adán: “Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Esta será llamada mujer (ischah), porque del varón (isch) ha sido tomada. Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne”. “Estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, pero no se avergonzaban el uno del otro”[7].

En este relato, señala Anselm Grün[8], el hombre aparece como referido hacia la mujer. Ambos forman una unidad profunda. El varón suspira por la mujer. Encuentra su plenitud sólo cuando se sitúa ante la mujer en una buena relación. Varón y mujer se complementan. La historia de Adán y Eva esclarece no sólo la profunda unidad y la mutua pertenencia, sino también las motivaciones de las luchas de sexos que traspasan toda la historia de la humanidad.

Es evidente que el varón puede llegar a ser plenamente hombre sólo si reconoce a la mujer en paridad de rango y de valor y si se deja inspirar por ella. Esto se hace realidad sólo cuando él integra en sí a la mujer, cuando él entra en contacto con su “ánima”, tal como Jung designaba la parte femenina del alma masculina.


El camino y los valores del varón en la antropología bíblica

La siguiente dimensión de lo masculino que nos presenta la Biblia es Abraham, el varón peregrino el que sale de su tierra en una ambigua búsqueda donde deberá discernir su ideal de los múltiples ídolos que quieren captar su vida.

Hace muy poco tuvimos un Encuentro de un fin de semana para varones adultos y recibimos el regalo de que uno de los varones participantes tenía setenta y nueve años y era padre de otro participante de treinta y seis. El gozo de la paternidad, el amor del padre al hijo y del hijo al padre, que pudimos celebrar esos días, dejó una marca profunda en muchos de los participantes sobre su deseo de ser padres que aman y son amados por sus hijos, pero también despertó una inquietud similar a la de Isaac el huérfano de padre.

Es otra dimensión masculina, la necesidad de salir al mundo para iniciar la búsqueda del peregrino, hace necesario tomar distancia del padre, pero es una distancia que parte en línea recta en sentido contrario y que por tanto, algún día, el mismo movimiento de alejarse (valga aquí la imagen de la redondez de la tierra) debe llevarnos a el reencuentro[9].

Es Isaac, el huérfano de padre, el que en Jacob alcanza su plenitud como padre, el patriarca del cual se derivan las doce tribus de Israel. La paternidad que origina un pueblo bendito por todas las generaciones.
Si bien el Patriarca es una de las dimensiones masculinas más fuertes del Antiguo Testamento no es la única. La escritura nos presenta, de la mano de otros varones, otras dimensiones de lo masculino, que son a la vez otros valores de lo masculino: José el soñador, Moisés el guía, Sansón el guerrero, David el rey, Salomón el amante, Elías el profeta, Job el sufriente, Jonás el bufón, Pedro la roca, Pablo el misionero, Juan el amigo y el anciano sabio.

Cada una de ellas va desplegando lo masculino en relación:
El peregrino, el huérfano que se hace padre, es esposo que recibe y protege,
el soñador, el guía, el guerrero y el rey en su acción transformadora,
el soñador, el profeta y el sufriente en sus diferencias,
El bufón, el amigo y el amante de la esposa,
El bufón, el amigo y la roca de su esposa y amigos,
El anciano sabio antes de morir.

Concluyendo, el varón ha sido tomado de la tierra y a la tierra volverá con la muerte. Solo llegó a ser plenamente hombre si reconoció a la mujer en paridad de rango y de valor y si se dejó inspirar por ella[10].

La cultura postfeminista está todavía en una etapa de disolución de las diferencias. En este como en los restantes terrenos, el reconocimiento de las diferencias es parte del camino para reconocer una identidad que es diferencia y hace a las personas únicas en la igualdad.


Roberto Estévez
roberto.estevez@santodomingo.edu.ar



[1] La tradición católica europea lo conmemora el 19 de marzo, día de San José, padre de Jesús.
Sin embargo, Francia, Reino Unido y muchos países iberoamericanos, adoptaron la fecha norteamericana, el tercer domingo de junio.
[2] Donde “Papa Noel” que trae los regalos, sustituye el Niño que es el regalo en el pesebre.
[3] "Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.” Evangelio según San Mateo 5,1-12.
[4] Una hipótesis para investigar psicológica y sociológicamente, es hasta qué punto la desaparición de una identidad masculina favorece la identificación con estereotipos islámicos en Europa y machistas en Iberoamérica. Del modo que el miedo a sí mismo es negado mediante la cosificación del otro.
[5] Gen 2,7.
[6] Gen 2,20.
[7] Gen 2,23-25.
[8] En su libro “Luchar y Amar” que seguimos en estas líneas.
[9] Una pequeña nota no sirve para agotar el tema, pero podría sernos útil en esto la parábola del hijo pródigo, que es inevitablemente la del padre misericordioso. Donde el hijo a quien no le correspondía el campo en herencia sale buscando su ideal y queda enredado en los ídolos, necesitando de volver al padre para estar liberado.
[10] Desafío común a los varones que conviven con mujeres y a los que han elegido ser célibes. Ineludible para la madurez humana de unos y otros.

LA ESENCIA DE MI PROYECTO DE CONCILIACIÓN ENTRE EL PSICOANÁLISIS DE FREUD Y UNA ANTROPOLOGÍA CRISTIANA

        Establecido que el psicoanálisis puede ser una ciencia de conjeturas instrospectivas, abierto al diálogo y a la crítica, ¿qué relación guarda con una antropologia filosófica cuyo nivel de certeza sea mayor, abierta también al diálogo?

No necesariamente el psicoanálisis tiene que tener relación con el comprensible iluminismo de su autor. Creo, al contrario, que es mucho más compatible con Víctor Frankl y con la noción de persona de Santo Tomás dentro, a su vez, de la noción de pecado original del judeo-cristianismo. Aún tengo que desarrollar este programa de investigación pero desde ya afirmo que los inmensos esfuerzos de Frankl para alejarse de Freud no ayudaron en absoluto. Al contrario, se apoyan mutuamente. Freud no es la terapia para la pregunta logoterapéutica y filosófica fundamental, a saber, el sentido de la vida y de “mi” vida, pero es en cambio una casi condición para encararla. El yo queda muy debilitado por la cantidad de energía que tiene que consumir para soportar los conflictos derivados del re-direccionamiento necesario de las pulsiones originarias. Las neurosis fóbicas, de angustia, obsesivo-compulsivas, las identificaciones y fijaciones que llevan a la masificación, las melancolías de los duelos no resueltos, los edipos mal resueltos, toda la carga de negación más las transferencias negativas, todo ello produce un estado de dolor sordo que impide a la persona hacerse las preguntas de la existencia más importantes, y son con-causa de las existencias inauténticas y los escapismos que impiden pasar a la madurez de la vida. Muy pocas personas logran por sí solas una suficiente sublimación de sus pulsiones más inconscientes. Por lo tanto, una mayor comprensión y un mejor manejo –no digo “solución”- de nuestros conflictos, y un mejor manejo de nuestras neurosis, es una especie de condición para pasar a la pregunta por el sentido de la vida y una mayor madurez de la propia existencia. Esto es especialmente importante en las vocaciones religiosas que, si son encaradas como negación de conflictos graves, pueden tener resultados catastróficos.

A su vez, una vez distinguido el yo como función psíquica, y ubicado en las dos tópicas correspondientes (ello, yo, super-yo; inconsciente, preconsciente, consciente) se lo puede ubicar bien en una antropología filosófica donde la persona sea un espíritu racional que conforma un cuerpo, donde hay una esencia individual que es el yo, donde no todo es consciente. Pero entonces el yo cuyo sentido hay que descubrir (vocación) no es el yo que está entre el ello y el súper yo, sino que todo ello está en el mismo yo personal cuyas facetas hay que ir descubriendo, y el psicoanálisis es una de los métodos psicológicos para ir des-cubriendo esos aspectos no conscientes del yo, cuyos conflictos no resueltos nos impiden ir hacia la madurez personal y hacia la plenitud de la persona de la cual hablan todas las antropologías sensibles al tema religioso, donde Dios ya no sea el padre como función indispensable de la primera infancia, sino el sentido total de una vida que se entrega en una auto-donación, que para ello tiene que superar la noción de Dios como objeto.



domingo, 11 de junio de 2017

JAPÓN: LA RESTAURACIÓN MEIJI, EL CONSTRUCTIVISMO OCCIDENTAL, EL SHINTOÍSMO NO NACIONALISTA Y EL CRISTIANISMO.


La historia de Japón es muy poco conocida excepto para sus estudiosos, pero el cine se ha encargado de mostrarnos un momento crucial, difícil de interpretar, a través del film El último Samurai –que repite fielmente el mismo esquema de Danza con Lobos; Avatar sigue el mismo argumento-. Todos seguramente se han conmovido cuando las ametralladoras occidentales arrasan con “los últimos samurai” que con honor y valentía atacan con su destreza, sus espadas y sus caballos a un ejército menos honorable pero, como siempre sucede en la historia humana, dotado con una capacidad técnica imposible de superar.

¿Pero qué había detrás de ello, más allá del soldado occidental que se convierte en samurai? Lo que vemos, lejanamente y entre sombras, es lo que fue la Restauración Meiji, un decidido empeño por parte de cierta aristocracia japonesa para sacar a su nación del auto-encerramiento cultural que duró de 1603 a 1868. O sea, un intento de hacer un Japón “moderno”, con instituciones occidentales, y que aparentemente tuvo éxito: Japón se convirtió en la potencia industrial, técnica y política más poderosa de Oriente desde fines del s. XIX hasta fines de la Primera Guerra, en la cual se sentó, en Versalles, como cuarta potencia después de los delegados de Francia, Inglaterra y EEUU.

Por ende los supuestos malos de la peli eran en realidad los buenos. Si, tal vez el imaginario Omura era un corrupto malo malo malo pero en realidad formaba parte de un gobierno que quería sacar a Japón de su feudalismo y llevarlo hacia una modernización occidental donde los samurai ya no tendrían cabida como servidores de los señores feudales del Japón.

¿Pero qué intenta copiar, de Occidente, la Restauración Meiji?

Aquí entra la clave de la cuestión: no el liberalismo clásico, sino el racionalismo constructivista explicado una y otra vez por F. Hayek.

Esto es, no las libertades individuales con un gobierno limitado a custodiarlas, sino la construcción de un estado centralizado e imperial, dispuesto a barrer con el Antiguo Régimen anterior. O sea, los estados napoleónicos posteriores a la Revolución Francesa.

Por lo tanto, bajo aparentes instituciones liberales tales como las cámaras de representantes, las supuestas divisiones de poderes, las vestimentas occidentales y, por supuesto, la ciencia occidental, estaba la visión constructivista, bajo la cual el imperialismo y el dominio de otras naciones era también su directiva. Pero eso, vuelvo a decir, directamente importado de esa visión occidental de planificación central que quebró la evolución del liberalismo clásico y llevó a Occidente a los nacionalismos e imperialismos europeos que terminaron en la Primera Guerra. La dinastía Meiji no hizo nada más ni nada menos que llevar eso a Japón.

El Japón feudal tenía por supuesto sus bellezas culturales. Entre ellas el Bushido, relativamente similar[1] (pero creo que superior) a la tradición caballeresca medieval occidental. Algunos de sus valores eran muy similares al Cristianismo, pero esa unión no se pudo concretar no sólo porque la Dinastía Edo vio en el cristianismo una pérdida de la identidad nacional japonesa, sino porque, si ya en el Cristianismo occidental la noción de persona y sus implicaciones morales tardaron mucho en florecer, mucho más en Japón.

La religión nacional japonesa, el Shintoísmo, es una conmovedora mitología animista-politeísta, con preciosas consecuencias artísticas y ceremoniales. Es en principio una mitología nacionalista, porque Japón como nación se origina con la pareja de dioses fundacionales, Izanami e Izanagi, cuyo amor y descendencia da origen a las islas y a los habitantes de Japón, sin distinción entre lo viviente y lo no viviente, o entre lo divino y lo no divino[2]. Una de las características más interesantes del Shinto es que lo individual no aparece, sino en red, en conjunto, casi como neuronas que individualmente no tendrían sentido sino sólo en sus millones de conexiones sinápticas. Por eso, para dar sólo un ejemplo, no hay plato principal en la comida japonesa, sino varios relativamente diminutos que en conjunto constituyen el alimento.

En esa tradición de casi 2000 años era muy difícil introducir la noción de libertades individuales, pero fue coherente que la modernización coincidiera entonces con el constructivismo occidental, esencialmente colectivista.

Por eso la dinastía Meiji es primero una restauración, porque tiene que basar la nueva nación japonesa moderna en el seguimiento del linaje de un emperador-dios, que, aunque no cumpliera funciones de gobierno, siempre había simbolizado en Japón la continuidad de su origen divino. Pero además esa restauración convierte al Shinto, más que en una religión, en un conjunto de ceremonias de estado[3]. No había libertad para no seguir ese ceremonial –análogo al culto a los símbolos nacionales que los occidentales, acríticamente, siguen practicando- pero sí había libertad para otras “religiones”. Pero no para el Shinto, que se convirtió más bien en un conjunto de ceremoniales parecidos a la pietas romana del Imperio. Esa pietas formó parte del contenido obligatoria de la educación pública japonesa hasta 1945.

Por ende, para comprender la acción internacional del Imperio Japonés después de la Primera Guerra, hay que entender que ellos no podían ver las alianzas o no alianzas con las potencias occidentales con el ojo crítico de un libertario, sino sencillamente con la mirada de una nación colectiva donde lo individual no contaba sino el éxito o no de un proyecto nacional en los cuales otros proyectos nacionales –sea Inglaterra, Alemania, o quienes fueren- no eran más que aliados o enemigos en el logro de la grandeza del Japón Divino e Imperial.

Por eso tiene razón W. G. Beasley cuando explica el triunfo de políticas nacionalistas, después de 1918, frente a partidos más de izquierda –o sea no nacionalistas- en Japón: “…el fracaso en lograr apoyo popular fue lo que condenó a ambas clases de partido a la guerra. Las razones de ésta no han de buscarse en ningún factor singular y ni siquiera enteramente en las deficiencias de los políticos. Estribaban más bien en aquellas ideas e instituciones que habían desviado al pueblo japonés de la persecución de las libertades individuales para dirigirlo hacia el alcance de metas colectivas: las presiones formativas del sistema educativo; una religión estatal centrada en el emperador; la conscripción con el adoctrinamiento que la acompañaba; y la persistencia de actitudes autoritarias y tradicionales en sectores importantes de la conducta burocrática y familiar”[4].

Desde aquí se entiende también que el fundador del Aikido, Morihei Ueshiba, haya tenido una concepción universalista y no-nacionalista del Shinto japonés: porque basó sus convicciones en la secta Omoto[5], que, con elementos budistas, mantenía las tradiciones shinto pero separadas del culto al Emperador, por lo cual fue severamente perseguida. Ueshiba se salvó por su prestigio personal pero todo esto explica también que se auto-exiliara en el “muy” interior de Japón durante la Segunda Guerra y que su Aikido haya surgido luego como una cuasi-religión sintoísta exo-térica, universalista, que predicaba a todas las naciones la paz y el amor universal. No de casualidad fue el primer arte marcial que los Aliados permitieron luego de la Segunda Guerra.

Dicho todo esto, la pregunta es de qué modo o cómo subsiste hoy en Japón toda esta historicidad. La historicidad no es la Historia estudiada, es más bien el horizonte cultural pasado que vive en el presente.

¿Es plausible que una bomba atómica, por técnicamente poderosa y horrorosa que fuera, y la posterior anexión de Japón, prácticamente, como un protectorado de los EEUU, logren borrar la tradición shinto nacionalista y la nostalgia de la Gran Nación Divina Imperial?

En la historia humana,1945 a 2017 es un casi nada para responder.

Por eso creo que la clave es la gran intuición que Morihei Ueshiba tuvo de un shinto universalista y pacífico. Ello tiene un potencial diálogo con el Cristianismo y su noción de persona, donde el samurai seguirá siendo servidor de su señor, pero el Señor será Cristo[6] y por ende el shinto ya no será un colectivo, “el borg”, sino un orden comunitario donde cada persona tendrá ante todo el mandato de su conciencia.

El futuro de Japón no está en una vuelta a su nacionalismo pero tampoco, desde luego, en su desaparición bajo las peores y más decadentes formas de indiferentismo religioso occidental. Está en una síntesis entre su historicidad sintoísta, el shinto universalista de Ueshiba y la noción de persona del Cristianismo.

En todo esto hay que seguir trabajando.




[1] Ver Nitobe, Inazo: Bushido: The Soul of Japan (1904); Layout and Cover Disign, 2010.
[2] No hay Sagradas Escrituras relativamente oficiales en el Shinto, pero uno de los textos fundacionales de la mitología japonesa es el Kojiki, crónica de antiguos hechos de Japón; (datada aproximadamente en el 712 D.C.); Trotta, Madrid, 2008; Introducción y traducción de Carlos Rubio y Rumi Tani Moratalla.
[3] Ver al respecto State Shinto: A Religion Interrupted, by Eryk, 2016, en https://www.tofugu.com/japan/state-shinto/
[4] Beasly, W.G.: Historia moderna del Japón, Sur, Buenos Aires, 1968, p. 246.
[5] Entre los biógrafos de Morihei Ueshiba, el que más se ocupó de esta crucial cuestión fue Stevens, J.: ver sus libros Invincible Warrior, Shambala, 1999, y Paz abundante, Kayrós, Barcelona, 1998.
[6] Es muy interesante al respecto la historia de Ukon Takayama, llamado el Samurai de Cristo (ver http://www.proyectoemaus.com/takayama-ukon-el-samurai-de-cristo/ ). Fue beatificado el 7 de Febrero de este año: http://es.catholic.net/op/articulos/61280/hoy-es-beatificado-justo-takayama-ukon-el-samurai-de-dios




domingo, 4 de junio de 2017

PROHIBIDOS LOS DESACUERDOS CON EL ACUERDO DE PARÍS



Sobre llovido, mojado. Trump, el malo, ha blasfemado contra los dogmas de la fe del sacro imperio romano científico-estatista. Pero como ahora es un sistema de emperadores autónomos, los demás están tratando de ver cómo le hacen un auto de fe y lo queman verdaderamente en alguna hoguera.

Los titulares y artículos de miles de news media en todo el mundo están en la desesperación. “Una decisión que pone en riesgo el futuro de la humanidad”. “Una decisión que expone con brutalidad la visión trumpista sobre el mundo”.  Y así en casi todo el mundo. Si sumamos a esto los prejuicios negativos anti-norteamericanos y anti "capitalismo", el combo no podría ser peor. 

Por lo demás, como dije tantas veces, tampoco se trata de defender a Trump en tanto Trump, quien no se caracteriza por su liderazgo, sus buenas formas ni su capacidad comunicativa, ni tampoco por sus buenos argumentos. No es cuestión de los trabajos para los norteamericanos. Ese no debe ser el punto. El asunto es el Acuerdo de París. Dos cosas al respecto.

Una, yo creo que sí, que hay un problema ecológico, que hay calentamiento global. Pero inútil tratar de explicar que luego de Popper, Kuhn, Lakatos y Feyerabend la ciencia no consiste en “hechos”, no? ¿Que todo depende de la conjetura corroborada, del paradigma dominante, del núcleo central, etc? ¿Qué por ende en ciencias naturales todo se puede debatir? Ah no, Zanotti, andate con tu filosofía a la miércoles. Sobre todo cuando tus lindos autores colocan un manto de libertad de expresión en lo que yo, el que no piensa como vos, pérfido y liberal Zanotti, he decretado indiscutible. Genial. La libertad de expresión sirve para debatir el fútbol del Domingo. En lo que verdaderamente nos afecta, se acabó y el que piense lo contrario es un imbécil o una mala persona, vaya uno a saber uno pagada por qué oscuros y pérfidos intereses.

Pero, vuelvo a decir, yo creo que sí, que hay un problema de calentamiento global. Pero el Acuerdo de París, el Protocolo de Kyoto, etc., han optado por medidas estatistas para solucionarlo. Y ese es el problema. El mercado libre es el incentivo para generar nuevos derechos de propiedad que puedan solucionar el problema. Los problemas de medio ambiente son problemas de indefinición de derechos de propiedad. La privatización de bienes públicos y la internalización de externalidades negativas sólo se producen cuando hay incentivos suficientes, de mercado, como para generar la creación de nuevas alternativas tecnológicas que puedan producir energías limpias. Las regulaciones estatales no hacen más que impedirlo, llevadas al paroxismo, como España que prohíbe a sus ciudadanos la instalación de paneles solares.

Pero todos estos temas, toda esta bibliografía, es ignorada olímpicamente por todos quienes ahora se rasgan las vestiduras.  Su ignorancia supina de economía, de Law and Economics, de Escuela Austríaca, etc, es más infinita que el universo newtoniano pero, desde luego, en nombre de esa ignorancia echan al ostracismo del descrédito a todo aquel que ose decir lo contrario.

Ese tema también me preocupa. La libertad de expresión sobre esta cuestión parece estar prohibida, so pena de insultos y descréditos gravísimos. Mala persona o imbécil el que piensa diferente. Casi como si defendiéramos la acción de un violador de menores. Igual pasa con la ideología del género y nuevos dogmas similares. Y, vuelvo de decir, no me refiero a Trump. Un universo paralelo interesante sería aquel donde alguien con las formas y charming de Obana hubiera dicho que las medidas del Acuerdo de París son inconducentes. ¿Habría recibido tantos bombazos?

Creo que sí. El consenso actual sobre ciertos temas no tolera disidencias. No es en broma, Feyerabend tiene razón: luego del Sacro Imperio, estamos ahora en otro sacro imperio. Y lo dice en serio. Pero claro, Zanotti, andate con tu Feyerabend a la miércoles, con tu hermenéutica a la miércoles, con tu Mises a la miércoles, sobre todo cuando lo que dicen puede objetar algo de los sacrosantos dogmas del imperio estatista actual.


Si, la verdad, me gustaría volver a Marte, mi lugar de origen. Mientras tanto que Dios me proteja.

domingo, 28 de mayo de 2017

SOBRE LA MUERTE DE LOS HUMILDES




Hace unos diez años que teníamos un plomero que se llamaba Miguel. Alto, pelo blanco, delgado, ya añoso, sus ojos reflejaban sin falta de alegría el dolor de una vida difícil. Llegaba, sonreía, calmaba, solucionaba los problemas, cobraba lo justo y a veces lo injusto para él. Yo fui desarrollando con los años una sutil amistad. Habitualmente lo acompañaba hasta su auto, ya viejito como él, llevándole su caja de herramientas. Hablábamos de la vida y yo lo escuchaba como a un abuelo. Y siempre así. Tenía mucho trabajo, estaba lleno de pedidos, pero si era urgente, venía y ejercía sobre los caños y sobre el agua un efecto parecido al de la Nanny McPhee.

A principios del 2016, en Enero, nos enteramos de que había muerto, en Septiembre del 2015. Un mes antes había estado trabajando en casa.

Y que ya estaba enterrado y olvidado.

Me quedé helado. El recuerdo es un recurso ante nuestros obvios lamentos por nuestra obvia mortalidad. ¿Pero qué pasa cuando no quedan ni recuerdos?

Sabíamos que tenía hijos y nietos pero nada más.

Aún parte de sus materiales están en nuestro balcón. Los había dejado para un próximo arreglo. Allí están. Casi como sus cenizas.

Nada. Pasó por el mundo en silencio, haciendo el bien, casi como si no hubiera existido. Qué curioso que los que hacen el bien en silencio no existan. Los que hacen mal y con mucho ruido, sí existen. Y pensar que Santo Tomás dice que el mal y el ruido no son existencias, sino privaciones…

En Guatemala, desde el 2003, nos hicimos amigos de Manuel. Un portero y guardia de seguridad. Manuel era bajito, delgado, de mediana edad. Con una amabilidad exquisita. Nos decía señorita Marcela y señor Gabriel. Pase, para servirle, qué manda. Con una naturalidad tal, con una esencialidad tan densa, que jamás le pedimos que nos dijera de vos, algo culturalmente inconcebible para él. Pero éramos amigos. Todos los años lo saludábamos con un gran abrazo. A la noche, en sus guardias nocturnas en el hotel, Marcela le preparaba un té con galletitas y yo se lo llevaba. Que gracias señor Gabriel, no se hubiera molestado señor Gabriel, gracias a la señorita Marcela. A la hora más o menos nos devolvía todo lavado y secado.

Y así, siempre. Era nuestro amigo. Uno de los mejores.

Y de repente, se murió.

Nos imaginamos que debe haber entrado en el cielo igual. Hola señor Pedro, gracias señor Pedro, qué manda señor Dios, muy amable señor Dios, para servirle señor Dios.

Pero se murió.

Y todo siguió igual, como si Manuel no hubiera existido.

La gente tan buena y humilde debería morirse con aviso. Pero no, tienen una muerte tan inexistente como su presencia.

Qué tan así es este mundo. Pero en el cielo deben haber entrado como los emperadores triunfantes entraban en Roma. Seguramente algo sorprendidos, pero Dios les debe haber explicado cómo son las cosas allí.

Mientras tanto aquí, se nos murieron. Llegaron a nuestra vida sin avisar. Se fueron sin avisar. De sorpresa. En silencio. En humildad.


Sea este un homenaje a todos los Migueles y Manueles del mundo.



domingo, 21 de mayo de 2017

DONACIÓN MUTUA NO ES IGUAL A COMPRA MUTUA

Hace poco, en una clase, dije a mis alumnos, hablando del matrimonio: hay una diferencia esencial entre “compra mutua” y “donación mutua”. El matrimonio no es poseer al otro, es donarse al otro. Si eso es mutuo, puedo hablar, si, de “mi” cónyuge, pero no porque lo compré, sino porque se me donó.

La donación no es explicable con la relación costo-beneficio que se da en el mercado con bienes materiales. Obsérvese:  “…que se da en el mercado con bienes materiales”.  Subrayo eso porque en ambientes liberales se ha malinterpretado muchas veces el axioma central de la praxeología de Mises. Por supuesto que toda acción humana implica el paso de una situación menos satisfactoria a otra más satisfactoria. Cuando hice mi compatibilización entre dicho axioma y la antropología de Santo Tomás de Aquino, el contexto era mostrar a diversos ambientes católicos que la praxeología de Mises no es utilitarismo ni tampoco el neokantismo de Mises. Pero ingenuamente supuse que bastaba aclarar que la situación más satisfactoria era compatible con acciones altruistas y punto. No me daba cuenta que muchos interpretaban la acción beneficiosa para el otro como una acción focalizada en mí, no en el otro. Como cuando muy agudamente alguien me dijo en un debate: es perfectamente coherente que Gabriel piense que la praxeología es compatible con el Cristianismo, porque él va a obtener su beneficio en el cielo.

Detengámonos en esto. Hace mucho tiempo, en la sala de profesores de la Unsta, le ofrecí un café a un prestigioso y consumado escriturista. El me dijo “gracias” y lo le dije “no Padre, no lo hago por usted, sino por mis tesoros en el cielo”. El sacerdote en cuestión, conocedor de tooooooooooooodas las discusiones al respecto, se rió con ganas. Entendió perfectamente.

¿Qué entendió? Que si el objetivo de mi acción sigo siendo yo, no hay amor al otro en tanto otro, aunque yo “done” todos mis bienes y ofrezca mil cafés. El amor cristiano es un amor de donación, donde la mirada está concentrada en el otro… En tanto otro. Cuando hago algo por alguien, es por ese alguien, no es por mí. Ahora bien, ello redunda en mí, sí, porque la acción buena me perfecciona como persona. Pero no es ese el fin de la acción: el fin de la acción es el otro.

Razonar, por ende, con una lógica de costo-beneficio de mercado para toda acción humana es una mala interpretación de la praxeología de Mises y el error antropológico de todos los economistas que han querido llevar el análisis micro a dimensiones de la acción humana que tienen que ver con la donación.

¿Cuál es mi diferencia con muchos colegas católicos y cristianos, por ende? Que ellos creen que la donación es algo que pasa por el estado. Cómo han podido creer que el estado puede obligar a alguien a donar, es un misterio más grande que la mente de Dios.


Mientras tanto, el hereje soy yo.

domingo, 14 de mayo de 2017

DESCARTES, EL FILÓSOFO DE LA MODERNIDAD CATÓLICA



(De un next book que estoy escribiendo).

Descartes es aún otra figura más controvertida que Galileo. Ha sido y es aún atacado desde todos los frentes. Importantes tomistas lo consideran como el inicio de un idealismo que culmina en Hegel. La mayor parte de libros de historia de la filosofía lo presentan como idealista. Hayek lo considera el inicio del constructivismo, con lo cual lo deja como un iluminista más. Desde la Escuela de Frankfurt se lo considera parte esencial de la dialéctica del Iluminismo. Para los heideggerianos es el pecado mortal absoluto. Para los postmodernos es el inicio de la modernidad mala y racionalista. Para los anti-fundacionistas (Popper y los neopragmaticistas) es el iniciador de una filosofía que busca fundamentos, un inicio, que no existiría. Para los neo-aristotélicos como Ryle es el dualista malo por excelencia. Dualista, racionalista, idealista, proto-hegeliano: las tiene todas. Pero nosotros lo vamos a presentar como otro representante del humanismo y renacimiento católico.

El proyecto de la filosofía de Descartes fue precisamente rescatar a la metafísica de los jirones que habían quedado de ella luego de los debates sobre la escolástica decadente, los neoartistotelismos no católicos y la caída de toda certeza luego de la revolución copernicana. Coincidía con San Agustín, aunque no lo había leído, en que las cuestiones de Dios y del alma eran las que fundamentalmente importaban. Su famoso cogito ergo sum no es idealismo. Fue encontrar el ser en la interioridad, lo cual se ubica en la línea agustinista. Para pensar, es preciso ser, y no al revés. Descartes no intenta encontrar lo real a partir de un sostén dibujado en la pared, como un importante tomista lo ridiculizó. La inteligencia, de la cual no se puede dudar, es la inteligencia real, en la cual se encuentra el ser. Ese ser es limitado como en toda la tradición escolástica. A los tomistas en general les cayó muy mal que mezclara la contingencia con el argumento ontológico para demostrar la existencia de Dios, pero casi como un motivo de excomunión, cuando nadie puede decir que el argumento de San Anselmo está en contra de los Dogmas de la Fe: a lo sumo, será criticable filosóficamente, pero de ningún modo es algo contrario a la tradición católica. Que finalmente Descartes concluya, por el argumento ontológico, que Dios ha dejado su firma en nosotros, no es algo lejano a la tradición agustinista donde las verdades no contingentes en nosotros remiten a la verdad absoluta que es Dios. Cualquier católico puede no ser agustinista pero ningún católico puede decir que esa tradición agustinista está en contra de la Fe. En todo caso, cambia el contexto, la situación histórica: en Santo Tomás sus vías son un debate con San Anselmo –precisamente- mientras que Descartes parte de San Anselmo y la noción creacionista de finitud para demostrar apologéticamente a Dios en un s. XVII que se disponía a tirar a la metafísica cristiana a la basura.

El método en Descartes no es introducir el método matemático en la filosofía: es descubrir que la precisión deductiva puede ser el camino para el sano lenguaje filosófico, cosa que se encuentra también en Aristóteles y Santo Tomás de Aquino. Ellos no hablaban de lenguaje geométrico, claro, pero sí de lenguaje preciso, de lógica, de argumentación correcta: ese es el espíritu del método en Descartes. Entiendo que ello le pueda parecer un horror a algún post-moderno heideggeriano, como un olvido del ser, pero no sé qué tiene ello de contrario a toda la patrística y escolástica católica no decadente.

La demostración de que el mundo externo existe es a través de Dios. Sí, ello puede ser criticable desde una posición realista como la de Gilsón en la cual el mundo externo es evidente. Pero ello olvida que la evidencia del mundo externo sería imposible sin la evidencia del otro en tanto otro, paso fenomenológico que hereda el paso del sujeto que hace Descartes y que no pudo ser asumido ni por Gilsón, ni por Fabro ni por Maritain.

Por lo demás, es verdad que en Descartes hay que demostrar que la idea del mundo externo corresponde al mundo real. Los tomistas aristotélicos se consideran exentos de ese problema, y puede ser, siempre que se logre aclarar perfectamente que la noción de signum quo de Santo Tomás corresponde inmediatamente a la de signum quod. Pero NO es ello tan fácil de aclarar. Santo Tomás, aunque un tomista aristotélico no lo quiera ver, no dejó nunca de ser realmente agustinista. Agrega la teoría de la abstracción de la esencia de Aristóteles, interpretada a su modo, para explicar mejor el concurso entre el conocimiento sensible e intelectual, pero ello NO lo desprende de la teoría de la iluminación agustinista donde la inteligencia humana es participación en el Intelecto Divino. Por lo tanto, en el Santo Tomás auténtico, y no en el convertido en un mero comentarista de Aristóteles, la certeza del conocimiento de la cosa real se basa también en la certeza de las ideas en Dios. Descartes no hace más que reiterarlo a su modo. Tal vez lo más que le faltó a Descartes no fue precisamente Aristóteles, sino la intersubjetividad husserliana, pero eso es como decir que a Copérnico le faltaba Newton.

El dualismo cartesiano, por lo demás, no fue una cuenta mal hecha por un pensador distraído. Fue la coherente conclusión del rechazo a la forma sustancial de Aristóteles. Pero ese rechazo tampoco fue un capricho emergente de la famosa estufa. En pleno s. XVII, el neoplatonismo y neopitagorismo cristiano habían re-incorporado al atomismo griego –que permite crear y distinguir a la química de la alquimia- que tan injustamente maltratado había sido por Aristóteles en el cap. 1 de su Filosofía Primera. Ningún tomista posterior al s. XIII supo encarar la unidad de la forma sustancial con la naciente química que luego derivaría en la famosa tabla periódica de elementos. Santo Tomás había dejado una semilla con su teoría de los elementos en potencia próxima al acto, pero nadie pudo, quiso y supo combinarla con la química hasta avanzado el s. XX, con tomistas como Hounen, Jolivet, Selvaggi y por supuesto Mariano Artigas. Por ende lo que hizo Descartes en su época, al rescatar la espiritualidad de la res cogitans, fue impedir que la espiritualidad del hombre fuera absorbida por las ciencias de la res extensa, o sea las ciencias naturales, como pasa hoy con las neurociencias, frente a las cuales hoy las posiciones fenomenológicas herederas de Descartes son el único frente de combate serio contra el positivismo antropológico. El tomismo también, si tiene el cuidado de no creer que combinar la unidad de la forma con la ciencia actual es una tontería, si tiene el cuidado, como Mariano Artigas, de dedicarle varios libros al tema, y si tiene el cuidado de no hacer demasiadas alianzas con el aristotelismo extremo de Ryale y Kenny, donde la noción de yo individual se encuentra casi en peligro, y donde no de casualidad Kenny no logra entender la demostración de Santo Tomás de la subsistencia de la forma sustancial racional luego de la desaparición de la materia prima.

Por lo tanto tenemos en Descartes uno de los principales filósofos católicos de todos los tiempos. Defendió al espíritu humano del naciente positivismo pre-iluminista, defendió a Dios como causa primera con lo mejor de la tradición anselmiana y agustinista, distinguió claramente entre el espíritu y la materia, siendo intocable el primero por las ciencias naturales, y terminó de brindar los elementos claves de una física matemática con su geometría analítica. Aquí tenemos un ejemplo clave de una modernidad católica no-iluminista. Por supuesto que no podemos seguir hoy literalmente su pensamiento: hay que seguirlo vía la fenomenología de Husserl, en combinación con un Santo Tomás teólogo, católico, cosa que ya comenzó a hacer Edith Stein en su momento y que sigue haciendo hoy Francisco Leocata.





viernes, 12 de mayo de 2017

QUÉ ES EL DESAFÍO DE LA BALLENA AZUL, POR ROBERTO ESTEVEZ.


El desafío de la ballena azul o el desafío de la vida cotidiana

“Conocete a tí mismo
y se quien eres"
El desafío de la ballena azul no es un juego, sino una experiencia de manipulación psicológica, especialmente diseñada para adolescentes.

Desde el año 2015 escuchamos sobre un software criminal que, bajo la apariencia de un juego, realiza el peor de los males: la destrucción de la vida inocente.

El software criminal comenzó a circular en Rusia en 2015, y se viralizó a través de Vkontakte (VK) -el Facebook ruso-. Según los medios las cifras de suicidios adolescentes, desde entonces, comenzaron a crecer.

El desafío de la ballena azul” le debe su nombre a una característica muy particular de la especie marina, que por voluntad propia se acerca a las costas para morir.

El software criminal aprovecha los recursos de la informática y las redes de comunicación para realizar de otro modo, el proyecto de “Halloween III: Season of the Witch[1]. Según las declaraciones del diseñador de “El desafío de la ballena azul” Phillipp Budeikin, que hoy tiene 21 años, “los jugadores son los que no se quieren, los que no se valoran. Yo solo estaba limpiando la sociedad de estas personas”

Los promotores utilizan diversas estrategias (adecuadas a la edad), para introducir a las víctimas en grupos cerrados, donde el software criminal propone una progresión de actos que van rompiendo sistemáticamente los vínculos con la vida, con el objetivo específico de bajar sus defensas frente a la inducción final al suicidio: la prueba 50 del día 50.


Que es el suicidio
En la antigüedad pre judía el hombre es un instante en el ciclo de la vida, termine ésta en la “reencarnación” o en las “sombras”. Es recien con el pensamiento judío, a partir del cuestionamiento que genera la muerte de los hermanos Macabeo, que se comienza a abrir la posibilidad de que sin ser semidioses (griegos) o iluminados (buda) la vida tenga una continuidad superadora de la muerte, fuera del círculo de las estaciones.

Sin Abraham deteniéndose antes del sacrificio de su hijo Isaac, los Macabeos permaneciendo fieles ante los helenistas que los torturan y matan, y sin Jesucristo resucitado, la prolongación de las líneas de la historia nos permite especular que los sacrificios humanos y el suicidio podrían ser algo ordinario en nuestra cultura actual.

Desde hace años hay quienes se preguntan si el eclipse de las confesiones monoteístas no nos remitirá a esos orígenes, y creen encontrar en nuestro tiempo señales de una “cultura de la muerte[2].

En el pensamiento judío, cristiano e islámico cada cual es responsable de su vida delante de Dios. Somos administradores y no propietarios de la vida que Dios nos ha confiado. No disponemos de ella[3].
El suicidio contradice la inclinación natural del ser humano a conservar y perpetuar su vida. Es gravemente contrario al justo amor de sí mismo. Ofende también al amor del prójimo porque rompe injustamente los lazos de solidaridad con las sociedades familiar, nacional y humana con las cuales estamos obligados. El suicidio es contrario al amor del Dios vivo[4].

Incluso el catecismo de la Iglesia Católica prevé que “Si se comete con intención de servir de ejemplo, especialmente a los jóvenes, el suicidio adquiere además la gravedad del escándalo. La cooperación voluntaria al suicidio es contraria a la ley moral[5].


La ballena ya estaba en casa
En los párrafos anteriores, he tomado a propósito un texto de 1997 (CATIC) totalmente ajeno a los eventos que nos ocupan, para visualizar cómo el problema proviene de raíces anteriores y mucho más profundas. Este software, y otros productos promocionados por las redes, se basan en supuestos que contradicen sistemáticamente inclinaciones básicas del ser humano. Entre ellos afirma que:

·         somos los únicos dueños de nuestra vida,
·         no estamos obligados a perpetuar nuestra vida,
·         amarnos puede ser hacer cosas que nos dañan (excesos del alcohol y otras drogas, descuidos sistemáticos como workaholic, etc.),
·         siendo solo nosotros es como somos libres,
·         no hay vínculos a los cuales nos debamos,
·         cuanto más numeroso sea el público ante el cual estamos expuestos, nuestra vida vale más.

Estas frases, que resultan explicativas del proceso de desamor a sí mismo por el que progresa el software criminal, resultan de algún modo una especie de “sentido común cultural” en el contexto de nuestras vidas cotidianas.

Cada tanto, series como Por 13 razones (13 Reasons why), recientemente estrenada a través de la plataforma online Netflix, nos llaman la atención sobre la naturalización de la temática del suicidio en la población adolescente. Hay más de medio centenar de películas sobre la temática del suicidio, varias de ellas en la edad indicada[6], y muchas canciones populares de la población juvenil que se introducen en la temática del daño autoinflingido (“aquella tarde en el pasillo/ que sacaste un cuchillo/ y probamos el dolor“) y del suicidio (“cuando mi cabeza estalló”) [7] .
Sin ambargo la Humanidad no está enferma, fuera de nuestros ombligos, y de nuestras pantallas, hay un mundo maravilloso, que sigue y seguirá siendo maravilloso, aunque hoy se registre una dilución de los valores de la vida, y haya gente enferma que por muchos factores, incluido el de los lenguajes políticamente correctos, no llegamos a abordar.

En este mundo, los sectores medios en expansión, corremos acumulando cosas para que nos digan que nuestra vida tiene sentido y miramos sin ver a los niños y adolescentes, que quedan asi en las sombras.

En Argentina, nuestro sistema educativo, sistemáticamente destruido desde hace más de medio siglo, por modas que al tiempo se revelan irrelevantes, se reconoce que los alumnos de entre 12 y 14 años son los “patitos feos[8] a los cuales nadie se ha dedicado.

Para esa edad la cultura popular habla de mostrar “límites claros” que en el hacer la sociedad no sostiene. Cualquier educador puede dar testimonio de padres que teorizan sobre los límites que no sostienen ante sus hijos. Si así no fuera “la cultura del exceso” no sería un redituable negocio entre nosotros (previas, salidas descontroladas, viajes de egresados propios de la “despedida de un solterón”, etc.)

Igualmente habría que precisar que la simplificación mediática, de lo que la prudencia materno-paterna debe desarrollar, es además perjudicial, ya que en esa edad los adultos a cargo de los adolescentes deben cuidar de levantar su autoestima (sos hermosa, sos bueno aunque te equivoques),  no romper vínculos (nada puede hacer que deje de quererte), no dañar confianza (yo no comentare lo que conversamos), mantener la comunicación (¿qué tal si vamos juntos? ¿me acompañás? ¿jugamos a algo?) y no enojarse, como condición necesaria para poder dar, de forma clara y eficaz, limites firmes y en un contexto que no deje de ser cariñosos a la vez.

Esto es hoy de capital importancia en nuestra cultura, por cuanto esta edad se ha ensanchado. Algunos niños entran en ella, por la estimulación de los medios, ya a los 10 años (dos o tres antes que su cuerpo cambie), y siguen en ella hasta cinco años después de sus cuerpos (ya incluso en la Universidad, en la edad que sus bisabuelos trabajaban o cruzaban el Oceano para cnseguir trabajar de cualquier cosa).

Probablemente, este intento de independizar la conciencia humana de los cuerpos de la que es parte y por los que se vincula con los otros, esté entre los problemas de base, pero es algo que no podemos profundizar ahora.

La extensión actual de este maravilloso momento de la vida que es la adolescencia (última infancia y primera juventud) no modera sus complejas características, sino que corre el riesgo de volverlas crónicas:

·         La omnipotencia propia de nuestra Era,
·         la experiencia de fragilidad,
·         la excesiva dependencia de la mirada del otro,
·         la necesidad de ser aceptado y querido,
·         y la extrema amplificación de los sentimientos

Desde una “condición” que no acepta gradualismos, para quien no hay términos medios, ni matices, todo es blanco o negro, amarillo o violeta, rapado o largo… Los términos medios no existen, es la agonía o el éxtasis.

Son Narciso[9] y Dionisio[10], quienes pasan del éxtasis a la agonía en la que anticipan, teme y siente, que su mundo puede derrumbarse y periódicamente se derrumba ante sus ojos.

En la precariedad, de este tránsito necesario, para superar el desafío existencial propio de su edad debe cumplir una misión: tomar distancia, descubrir la distancia adecuada de los adultos que lo han acompañado desde la infancia. ¡Saberse por fin otro!

Así como en el pasado la tentación de un “shortcut” para ser (parecer) adulto fue el cigarrillo, hoy la droga más difundida es el alcohol. Según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el consumo excesivo de alcohol causa 2,5 millones de muertos por año. Unos 320.000 jóvenes de entre 15 y 29 años mueren cada año a causa de problemas vinculados al alcohol, que representan el 9% del total de fallecimientos en esa franja de edad. No hay cifras ciertas de los deterioros cognitivos y fisiológicos de las secuelas del alto consumo, ni de las adicciones resultantes de por vida.

En este sentido la practica suicida del año 2014, que los medios de comunicación también insistieron en denominar “juego” se llamó "NekNomination", y consistió en ingerir de golpe la mayor cantidad posible de alcohol y desafiara los amigos, por medio de las redes, a superarlo. Muchos jóvenes murieron por eso, ya que la percepción del riesgo no es una característica de la edad, sino que cada vez se registran más modos en que asumen decisiones impulsivas que los acercan al borde de la muerte.

Como se ve “El desafío de la ballena azul” aprovecha y sustituye el desafío propio de la edad y navega en un Océano preexistente.


Como se adentran en el mar
Esos “líderes”, “administradores”, o “tutores en línea” utilizan perfiles falsos en Facebook, Whatsapp y cualquier otra red para:

·         contactar a través de spams en los correos electrónicos,
·         invitar a adolescentes a unirse a grupos cerrados,
·         “prevenirlos” de la peligrosidad del “juego”,
·         extorsionan a los adolescentes con información personal sobre sitios a los cuales han ingresado, sin conocimiento de sus padres, para obligarlos a iniciarse.

Una vez que se inician este es el itinerario:
1.      Córtate con un cuchillo escribiendo “f57” en tu mano y luego enviarle la foto al administrador.
2.      Levántate a las 4.20 am y ver los videos de terror y psicodélicos que el administrador te envía.
3.      Córtate en los brazos con una hoja de afeitar a lo largo de las venas, pero no muy profundo. Hacer sólo 3 cortes y enviarle la foto al administrador.
4.      Dibuja una ballena en una hoja de papel y envíasela al administrador.
5.      Si estás listo para “convertirte en ballena” escribe “SI” con un cuchillo en tu pierna. Si no estás listo, córtate a ti mismo varias veces (castígate).
6.      Desafío enviado mediante un método cifrado.
7.      Córtate con un cuchillo escribiendo “f40” en tu mano y luego enviarle la foto al administrador.
8.      Escribe “#i_am_whale” en tu estado de perfil (algo así como #yo_soy_ballena).
9.      Tienes que vencer tus miedos.
10.  Levántate a las 4:20 am y dirígete a un techo (mientras más alto mejor).
11.  Córtate con un cuchillo una ballena en la mano y enviarle la foto al administrador.
12.  Mira videos de terror y psicodélicos por todo un día.
13.  Escucha la música que “ellos” (administradores) te envían.
14.  Corta tu labio.
15.  Pincha tu mano con un alfiler muchas veces.
16.  Hazte algo doloroso a ti mismo, ponte enfermo.
17.  Anda al techo más alto que puedas encontrar, párate en el borde durante un rato.
18.  Dirígete a un puente y párate en el borde.
19.  Escala una grúa o al menos intenta hacerlo.
20.  El administrador hace alguna prueba para ver si eres una persona confiable.
21.  Tener una conversación con “una ballena” (otro jugador o el mismo administrador) por Skype.
22.  Ve a un techo, siéntate en el borde con las piernas colgando.
23.  Otra prueba enviada cifrada.
24.  Tarea secreta.
25.  Reúnete con “una ballena”.
26.  El administrador te dirá la fecha de tu muerte, la debes aceptar.
27.  Levántate a las 4:20 y anda a las vías del tren (visita cualquier línea del tren que puedas encontrar).
28.  No hables con nadie durante todo el día.
29.  Alardea que “eres una ballena”.
30.  a 49. Todos los días levántate a las 4:20 am, mira videos de terror, escucha música que “ellos” te envían, hazte 1 corte al día y habla con “una ballena”.
  50. Salta desde un edificio alto. Quitate la vida.

Cada prueba se manda a través de un mensaje por grupo de WhatsApp o cerrado de Facebook a las 4:20 de la madrugada. Más allá de que los participantes no tienen relación con los "tutores", una vez que cumplen cada prueba, deben enviar fotografías que lo certifiquen.


La presencia, derecho para navegar con ellos
Para aquel que tiene a su hija o hijo en esta red el hecho es angustiante, urgente y determinante; para el resto, que son la gran mayoría de los padres, la “ballena azul” siendo el animal más grande, es infinitamente inferior a la totalidad de los animales que pueblan el mar al cual estan expuestos nuestros hijos.

En este somero análisis, una de las cosas que mas ha llamado mi atención es el mecanismo de contactar (iniciar) a los adolescentes, por parte de los administradores del software, con la excusa se “prevenirlos” de la peligrosidad del “juego”, ya que es lo que muchos padres a mi alrededor están haciendo, así como las escuelas y el Estado.

Los criminales usan este recurso porque es eficaz, porque despierta la curiosidad de las chicas y los chicos en la edad que constituye el publico primario de las películas de terror, porque si se trata de medir fuerzas el adolescente siempre estara dispuesto, porque piensa que en última instancia no hay situación que se le pueda salir de las manos y porque cree que es inmortal.

Si estamos en un problema la solucion comienza por hablar de ese problema, pero hay que recordar a aquellos filosofos que definieron el mal como la ausencia de bien. Por lo que, si no estamos en el “desafio de la ballena azul”, lo bueno es una somera explicación preventiva para poder pasar a hablar del bien, de lo bueno, de la vida, del crecer, de los desafios reales de sus edades, de su cuerpo, sus sentimientos y su espiritu, y no de su ausencia.

El control de los padres no pasa por retirar los medios digitales, en torno a los cuales vivimos, de la vida de nuestros hijos, no pasa por exigir compulsivamente sus claves o hackearlas; pasa por convivir, que no es solo compartir el techo. Todo lo demas manda a los hijos a un “universo paralelo” a la simulación y “doble vida” que es tan frecuente en el mundo adulto.

El problema entonces vuelve a su mas frecuente cuestión: ¿Qué hacemos, qué compartimos, qué hablamos con nuestros hijos? En su abigarrada agenda, que nosotros les definimos ¿Hay un tiempo y lugar para nosotros? ¿En el exito que imaginamos, se logra con tres idiomas, cuatro artes, cinco deportes, y una inseguridad existencial de base?

Cuando en casa un hijo quiere hablar el mundo debe detenerse, no hay excusa.
El mundo actual no es un mundo hipercomunicado, sino un mundo de soledades hiperconectadas. La soledad es enorme y la mayor parte de nuestras relaciones son tangentes de un punto de interés, no amistades.
No le tengo miedo a la expresión tan maltratada de “ser amiga de mi hija” siempre y cuando sea yo el padre y él el hijo, y sobre todo, la amistad con mi hija/hijo no sea una “amistad” por interes: ¿Cuantos eligen desde pequeños las casas a las que irán o no sus hijos dependiendo del interes por tales o cuales “amistades”? ¿Cual es el sentido de vestirse la madre como la hija adolescente, o el padre emborracharse con su hijo sino beber de su juventud?

En un mundo lleno de mascaras solo se educa y se hace crecer siendo quien en verdad se es. Lo otro seduce, divierte (vierte fuera) y distrae de la madurez.

No hay profesión mas importante sobre la tierra que ser madre y padre. Ningun curso previo suple la mirada atenta, amorosa, compasiva y generosa; si dejaramos caer el tinglado veriamos maravillosas creaturas desde el inicio, desde que son pequeños, desde los primeros pasos.

Esa mirada compartida, comunicada, celebrada en la vida cotidiana, dice “¡que maravilloso que seas!” es el suelo bajo los pies del hijo en las distintas etapas de su vida:
“¡yo soy mirado, y amado!”
“¡yo he sido amado, yo soy aceptado, por mí mismo, no por si acierto o me equivoco!”
“¡yo soy amado y seguire siendo amado cuando me distancie!”
“¡yo fui soñado, amado, aceptado, respetado, acompañado por mis padres!”

Todos los seres humanos somos muy sensibles a las miradas de los otros, esto se nota mas en la adolescencia, entre los 11 y 14 años, pero nos acompaña toda la vida. La adolescencia es una etapa donde la fragilidad de la niñes se une a la ampliación del área de autonomía de la juventud, lo que los hace sensibles como niños, a miradas externas como jovenes. El adolescente paga un precio altisimo por pertenecer y ser aceptado por el grupo de pares, para no quedar afuera, que es su intento de no quedar solo.

Las redes sociales multiplican al infinito la posibilidad de minar, debilitar, dañar, sobre todo cuando no hay otro vinculo de mayor proximidad corporal e intensidad afectiva.

Roberto M. Estevez



[1] Halloween III: Noche de brujas en Argentina, una película de terror de 1982, donde se alienta a los chicos a usar unas máscaras, que contienen oculto un chip que será activado el 31 de octubre en la noche, a través de un comercial de televisión, matando a todos los que las estén usando en ese momento, en un inmenso sacrificio humano a distancia.
[2] El término "cultura de la muerte“ fue acuñado por el Papa Juan Pablo II en su encíclica "El Evangelio de la Vida" publicada el 25 de marzo de 1995 y se refiere a una mentalidad, a una manera de ver al ser humano y al mundo, que fomenta la destrucción de la vida humana más débil e inocente por parte de los más fuertes y poderosos, de los que tienen voz y voto. Lo aplique en el libro “Notas sobre la cosmovisión actual” EUNSTA, 2da (2006).
[3] Catecismo de la Iglesia Católica (CATIC) nro. 2280
[4] CATIC 2281
[5] CATIC 2282, que continua: “Trastornos psíquicos graves, la angustia, o el temor grave de la prueba, del sufrimiento o de la tortura, pueden disminuir la responsabilidad del suicida.
CATIC 2283 No se debe desesperar de la salvación eterna de aquellas personas que se han dado muerte. Dios puede haberles facilitado por caminos que Él solo conoce la ocasión de un arrepentimiento salvador. La Iglesia ora por las personas que han atentado contra su vida.”
[6] Solo a modo de ejemplo sobre la diversidad de enfoques podemos citar: El fuego fatuo - Le feu follet 1963, Girl, Interrupted 1967, Rodrigo D: No futuro 1990, Leaving Las Vegas 1995, Serial Experiments Lain 1998, Las Vírgenes Suicidas (The Virgin Suicides) 1999, Ruang rak noi nid mahasan (Last Life in the Universe) 2003, Mar adentro 2004, Tránsito (Stay) 2005, Melancholia 2008, Kill Me Please 2010, Submarino 2010, Oslo, 31. August 2011, Le magasin des suicides 2012, Pietà 2012. Sin contra películas que se refieren a espacios culturales donde el suicidio ritual es parte de su identidad: Los cuarenta y siete samuráis 1941, Seppuku (Harakiri) 1962, Mishima: A Life in Four Chapters 1985, 47 Ronin 2013, Last Knights 2015; extrapoladas al contexto norteamericano por películas como Ronin 1998.
[7] La canción El Che y los Rolling Stone de Los Rancheros (1995):
Contra una pared dejé pintados / nuestros nombres enlazados / salpicados con el aerosol / Junto a una leyenda que decía: /"Escapemos de esta vida, /viva el "Che" y los Rolling Stones".
Y me alejé de ti, / suerte que te perdí.
Fuimos como una tribu de salvajes / defendiendo con coraje / lo que dicta el corazón.
Recuerdo aquella tarde en el pasillo / que sacaste un cuchillo / y probamos el dolor.

La canción El fatasma (2004) de Árbol:
Salgo volando por la ventana / Y tantos días quedan atrás / Ya no me duelen todas las cosas / Que ayer / me podían molestar / Son cajones que se cierran / Para que nadie los vea / Son palabras que no pude decir / Pero ya no me importa / Porque nada me toca / Y no hay nada vivo dentro de mi
Floto en el aire desde esta tarde / Cuando mi cabeza exploto / Ahora el piso es de nubes me asomo cada tanto / A espiarte desde donde estoy.
[8] Expresión de Alfredo Manuel Van Gelderen, Miembro de la Academia Europea de Ciencias y Artes y de la Academia Nacional de Educación de la Argentina.
[9] Leyenda de un joven griego enamorado de su propia imagen reflejada en una fuente. Que, en una contemplación absorta, incapaz de apartarse de su imagen, sede ante el vértigo y cae a la fuente para desaparecer.
[10] Dios de la vendimia y el vino inspirador de la locura ritual que lleva al éxtasis.