domingo, 25 de septiembre de 2016

HIPOCRESÍA Y CRUELDAD



Me ha impresionado sumamente una noticia que circuló hace unas semanas, de la cual me enteré gracias al agudo comentario de mi colega Mauricio Jaliff (1).

Se trata del caso de una chica italiana que aceptó ser filmada por el novio mientras tenían sexo, luego de lo cual el buen chico subió el video a internet. La señorita en cuestión fue sometida a todo tipo de burlas hasta que luego de un año se suicidó.

Así de terrible.

¿Cómo? ¿No era que en materia sexual podías hacer lo que quieras? ¿No era que el pudor era un tonto sentimiento capitalista y burgués? ¿No era que VER todo el sexo que quieras estaba bien?

¿Por qué, entonces, las burlas?

¿Por qué, entonces, semejante crueldad?

Conozco personalmente muchas monjas y frailes que conociendo el tema, no sólo no hubieran visto nada, sino que hubieran mantenido un respetuoso silencio.

Pero los supuestamente liberados, allí estuvieron, cometiendo asesinato a cuentagotas.

¿Cómo se entiende esto?

Muchos afirman que Freud escribió lo suyo condicionado por una sociedad victoriana donde todo lo sexual estaba intensamente condenado.

Pero no, no es así. Los diagnósticos de Freud tienen para mí un amplio grado de universalidad, sólo que difieren las formas culturales en las que la neurosis se manifiesta.

La nuestra es una sociedad de neurosis histeorides, vouyeristas y de angustias retrospectivas.

Mientras el discurso manifiesto afirma que el pudor no le interesa, que la intimidad no le interesa, y que hacer del sexo un espectáculo está bien, el contenido latente del discurso muestra un desplazamiento, hacia otros lugares, del habitual rechazo inconsciente a lo sexual.

Uno de esos lugares, fruto de la ambivalencia afectiva y un super yo más sutil, es la burla despiadada hacia el objeto sexual que se consume(2), mas no se consuma en la intimidad. Primero se lo expone casi compulsivamente (neurosis histeroide) y luego la audiencia degrada al objeto consumido. Más o menos como el amor/odio que el varón puede tener ante la prostituta, más o menos como el desprecio a veces manifiesto que casi todos tienen ante la modelito de moda a la cual mientras tanto se alienta en su exhibicionismo.

Muy retorcido, sí, y como es inconsciente, casi inimputable, excepto tal vez por la existencia banal que, sin distancia crítica, sigue las costumbres de la sociedad occidental actual.

El pudor sigue siendo el gran aliado del sexo, el gran protector de su pulsión, connatural a un super-yo que sabe lo que hace ante la mirada de los otros. Ahora el pudor sigue existiendo, pero retrospectivo: en neurosis de angustia luego de la intimidad exhibida, más angustiosas aún cuanto más tienen que ocultarse. Lo primero que hizo la pobra niña fue hacer como si nada pasara, pero eso fue lo peor. Al final, dado que no era psicótica, vino la culpa, y sin atención psicológica y espiritual, vino el suicidio.

Mientras tanto los que se burlaron de ella con toda liviandad y crueldad, cual verdaderos soldados nazis sumergidos en la banalidad de su invisible ejército nazi-masificado-supuestamente/liberado, allí están, seguramente riéndose de otra cosa en alguna escapada nocturna.

Triste. Muy triste.

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(1) "..............Así de cruel, estúpida y contradictoria es la cultura hipócrita del hipersexualismo. Del tabú del sexo pasamos al tabú del amor. Primero te dicen adorá tu cuerpo y mostralo sin barreras. Después te entierran vivo por idiota. 
Qué pasó con el amor... Pasó de moda??? Es anticuado decir no necesito saberme el kamasutra para decirte que te amo. Y amar... Acaso no era en el dolor y en la enfermedad, en la riqueza y la pobreza, en la juventud y en la vejez. Se llama cagazo... Pero alguna vez este cuerpo se marchita y uno se vuelve a mear en los pañales. La guita en algún momento se va y no vuelve más. Y nunca faltan los dolores para confirmar que estamos vivos.
Me cansa ver en los terrores en los que vivimos, huyendo de una compra a la otra para demostrar que no hay nada dentro por lo que vivir.
El sexo es una realidad maravillosa, el bálsamo de tantos dolores y tristezas cuando se lo abraza con ternura. La puerta abierta a la novedad de los hijos. El lugar donde la intimidad se viste sin máscaras y deja lugar a la autenticidad.
De verdad que cansa tanta estafa y me duele mucho el alma de esta pobre chica a la que matamos con nuestra hipocresía......."


(2) Desplazamiento de la pulsión de muerte hacia sí mismo....


domingo, 18 de septiembre de 2016

EL PROBLEMA ES EL AULA

Gran impacto ha causado la carta del profesor que renuncia porque está agotado del uso de las nuevas tecnologías en su clase. Ha habido variadas reacciones. Algunos lo han apoyado, otros han dicho que lo seguirán intentando, otros han propuesto, de vuelta, la incorporación de las nuevas tecnologías al aula.

Vamos a hacer algunas distinciones básicas. La educación, como proceso de transmisión cultural, puede ser formal o informal. La informal es espontánea y se identifica con el aprendizaje espontáneo que todos los seres humanos tienen de su propio horizonte cultural. La formal se identifica con escolaridad en sentido técnico: métodos especiales, no espontáneos, de educación, para el aprendizaje de contenidos más complejos. Esta distinción ha existido en todas las épocas con sus obvias diferencias culturales[1].

Por ende el problema no es la educación formal ni la escolaridad, sino la educación formal positivista concebida por los estados sobre todo a fines del s. XIX. Esa fue la “primera etapa de la política educativa”[2], donde los estados tratan de unificar e incorporar a los ciudadanos a la unidad del estado-naciòn. Su modelo fue coherente con lo que el positivismo supone como aprendizaje: incorporación pasiva de datos. Por eso surge el “aula” como ahora la concebimos: alguien que habla, alguien que es el activo, y los demás pasivos, copiando, memorizando, cual computadoras humanas a las que se les incorpora un pendrive.

Los límites de este sistema con respecto a la “vida” del educando fueron advertidos por la 2da etapa de la política educativa, con los que proponen “la escuela nueva”[3]. La cuestión era incorporar al aula elementos más vitales y activos, con una concepción más humana del educando. Muy bien. Pero el problema fue que el aula positivista y la vida no se concilian. El movimiento de la escuela nueva se enfrenta con el uso de una herramienta contradictoria con sus fines.

Obsérvense las épocas: la primera etapa corresponde a fines del s. XIX. La segunda surge más o menos por los 20, con límites difusos.

La tercera etapa[4], según Luis J. Zanotti, que lo afirma en la década de los 70, son los modernos medios de comunicación, que él en su tiempo identifica con la telemática. Sin darse cuenta previó la revolución en las comunicaciones y el aprendizaje que implicó luego el internet.

Por ende, es raro que no se advierta que estamos hablando de cosas viejas. El diagnóstico de Luis J. Zanotti, hecho ya en los 60 y los 70, es que el aula derivada del positivismo era incompatible con los nuevos modos de aprendizaje, y que el problema del movimiento de la escuela nueva era no haber advertido esa limitación. El problema es esa aula. Pretender incorporar en ella a la tercera etapa es como pretender arreglar una carreta para ir a la Luna. No, no se arregla, sencillamente se cambia.

Por supuesto, parece que no se puede. El aula positivista sigue allí, como un ícono cultural. Seguimos utilizando ese antiguo elemento y nos sumergen allí obligatoriamente desde los 6 –ahora para que desde los 3- hasta más o menos los 25. El daño que ello produce a las personas es casi irreparable.[5]

Por supuesto, lo que se produce –por ello dije “casi”- es que la educación real del individuo va por contrabando. Va por youtube, por netflix, por redes sociales, por infinitas páginas de internet que interesan verdaderamente a niños, adolescentes y adultos. Y la escolaridad formal, en vez se ser concebida como un medio de acompañamiento de todo elloy por ende radicalmente transformada- se presenta como una competencia inútil y perdedora de su imparable competidor. Y los docentes, aferrados, encerrados o adictos al viejo sistema, explotan. Es que obviamente no pueden enseñar en el aula, en el sistema formal positivista, con sus premios y castigos, con incentivos perversos como las notas, con sistemas de vigilancia iguales al sistema carcelario. No pueden verdaderamente enseñar allí, pero lo intentan, fracasan, se desesperan. Los que aplican a gusto todos los elementos carcelarios del sistema creen que tienen éxito. Claro, no se dan cuenta de lo que sucede. Pero los que intenten incorporar internet al aula fracasan también. El problema es el aula. La noción de educación formal, en esta circunstancia, es otra. Es un acompañamiento a la autoeducación que cualquiera naturalmente hace. Luis J. Zanotti ya lo explicó hace más de 40 años[6] y tampoco estaba entonces descubriendo América.

Por supuesto, me preguntarán cómo hago yo. No me parece pertinente hacerlo. Frente a este drama, cada uno de nosotros  -los docentes- se las ha arreglado como ha podido y es inútil que ahora intentemos presentar nuestra propia experiencia personal como una panacea universal, peleándonos, además, entre nosotros. La cuestión es que el sistema debe cambiar, y la cuestión es tomar conciencia de que esas propuestas de cambio tienen casi más de un siglo ya. Así que basta de asombrarse. Docentes, lean un poco más de historia de la educación, política educativa y filosofía de la educación. Allí tienen la obra completa de Luis J. Zanotti. www.luiszanotti.com.ar Tomen, lean, tomen conciencia de lo que ocurre y cálmense. Entonces, cada uno sabrá mejor qué hacer.

domingo, 11 de septiembre de 2016

Fr. LUIS S. FERRO, O.P., UN REGALO DE DIOS.

Entre los muchos regalos que Dios me ha dado, comenzando por El mismo, están también algunas de sus más asombrosas creaciones. Entre ellas se destaca Fr. Luis S. Ferro.

Por supuesto, Dios comenzó a hacer todo como corresponde cuando El quiere algo. Lo primero que hizo fue una “premoción física”, cuando, a mis 18 años, incapaz yo de distinguir a un dominico de un marciano, incapaz de distinguir al ente de la película homónima, vi el programa de filosofía de la UNSTA Buenos Aires y me dije: “TENGO que estudiar esto o reviento”.

Durante el primer año, en el cual aún no teníamos Metafísica, todo me resultaba fascinante pero oscuro.

Hasta principios de Marzo de 1980, cuando entró –a las 17,45, o 17,50, siempre antes- Fr. Luis Santiago Ferro, O.P.,  a la clase.

Ferro desplegaba sus libros –viejas, vividas, subrayadas y marcadas ediciones Marietti de la obra de Sto Tomás, toda en Latín- y sus papeles con notas y etc. Todo papelito impreso podía ser una nota de estudio en su reverso, que a su vez servía como marcador para los libros. A las 18 en punto comenzaba a hablar. Anunciaba el tema y comenzaba. Su palabra era precisa y calma como el autor que enseñaba, mientras iba desplegando los cuadros sinópticos de todo lo que decía, en Latín, en pizzarón negro y con tiza (yeso). La oscuridad fue desapareciendo. Todo comenzó a aclararse. Cuando vi la distinción esencia-esse, toda la materia se desplegó ante mí, y toda la teología natural se hizo una límpida cascada de lógicas consecuencias. Cuando vi el bonum, toda la ética se desplegó. Cuando vi la composición acto-potencia de la esencia de los entes corpóreos, toda la filosofía de la naturaleza se entendió. El Padre Ferro fue para mí toda la carrera. Todo lo demás fue un continuar, un despliegue, un detalle, una acotación, una subordinada del decir principal.

Y lo tuve tres años. Un año entero en Metafísica, otro entero en Teología natural, otro entero en Temas de Metafísica. Tres años. Tres años escuchándolo, aprendiendo Sto Tomás con él. Aún no termino de agradecer a Dios por eso. Marcó mi vida para siempre, mi comprensión de todo, mi concepción del mundo. Es que Ferro, como decían los frailes, imprime carácter (como los sacramentos). Sí: en mi vida de Fe, yo tuve Bautismo, Comunión, Confirmación, Confesiones, Matrimonio y Ferro.

No sé por qué algunos le tenían miedo. Yo lo amaba. Le preguntaba en clase con toda naturalidad, y sé que él me quería, incluso una vez se le escapó un “Fr. Gabriel” al contestarme, a lo que los reales frailes reaccionaron con un “nooooooooooooooo” :-). Cuando terminaba la clase lo perseguía por los pasillos, y casi siempre le decía “lo que usted quiso decir es esto, no”. A lo cual él contestaba habitualmente “si”, y ese quedaba conformando mi comprensión.

A los tres meses de cursar con él, más o menos, mi Fe se confirmó. Estaba yendo a comulgar. De repente todo encajó. Lo infinito, el bonum, el verum, el ipsum esse, y Cristo en la Cruz. Y me dije “ahora sé qué estoy haciendo aquí”. Por eso tenía que estudiar “esto”. Dios siempre sabe lo que hace.

Al terminar quinto año, le sugerí tímidamente ser su ayudante, pero él declinó con estilo japonés la sugerencia. Sólo cinco años después, misionando con él en Catamarca, él me dijo si quería ayudarlo en Temas de Metafísica. Yo no lo podía creer. ¿Qué había cambiado? Nunca lo sabré. El asunto es que a partir de allí comencé a ayudarlo en Metafísica también. El, con mentalidad militar, me llamaba, delante de otros, “Doctor Zanotti” y me ponía al mando de la tropa, cuyos soldados tenían que perdonarle esa debilidad para conmigo. Pero no tuvieron que preocuparse mucho tiempo. Cuando las fuerzas de Ferro comenzaron a declinar, yo podría haber quedado perfectamente a cargo de la materia. Pero no quise. Yo, que siempre cambiaba todos los planes, programas y etc., yo, que siempre armaba mis propias clases, esta vez no quise. No pude. No me atreví. No sé bien por qué. Hay allí un margen de misterio, pero no me atreví a ser su sucesor en la Unsta Buenos Aires. No quise cambiar nada de lo que él había hecho. Y como nunca pude repetir, dejé.

Nunca pensamos igual en todo. El era demasiado aristotélico. Yo no. Pero él lo sabía. Una vez alguien se lo señaló, y él dijo, refiriéndose a mi: “él siguió su camino”. Impresionante. El verdadero maestro sólo prepara al discípulo para seguir su propio camino. Y los verdaderos discípulos no fuerzan a su maestro a seguir los suyos.

Recuerdo que en el examen de Metafísica, me hizo la clásica pregunta. Qué fórmula era mi favorita para la distinción esencia-esse. Yo le dije: “Deus, simul dans esse, producit id quod esse recipit” (1). Y él me preguntó con afecto: “Y Dios de dónde salió?”. No sé qué le contesté, pero me la perdonó. Ya se notaba entonces que mi esquema era una via resolutionis completa, sin via inventionis. Pero nunca le preocupó. NO me perdonó, en cambio, cuando en Teología natural me preguntó si podíamos conocer la esencia de Dios, y yo muy suelto de cuerpo le contesté: bueno, Dios es aquel cuya esencia es ser, luego, sí, podemos conocer su esencia. Su rostro se nubló. Luego de un pequeño forcejeo me señaló que eso era sólo por analogía. Me bajó dos puntos. Hoy estoy hecho un Pseudo-Dionisio total...

Pero yo conocía también al sacerdote, al dominico, al servicial, al humilde entre los humildes. Una vez le ordenaron algo, yo tuve la impertinencia de sugerirle que discutiera lo que el provincial le había ordenado. El me miró como Jesús a Pedro. No me dijo “aléjate de mi Satanás”, pero sí me dijo algo que lo define de cuerpo entero y de lo cual no me he olvidado nunca: “yo, ante todo, soy fraile”. De vuelta, por favor, démonos cuenta de lo que dijo: “yo, ante todo, soy fraile”. Desde entonces siempre me he referido a él como Fr. Luis S. Ferro. Era, sí, Fr. Pbro. Dr. Luis etc. Pero ante todo, fraile. Fraile dominico, fiel, leal, servicial, caritativo, docente, obediente, casto, pobre. Un modelo a seguir de vida dominica y de santidad.

Académicamente, su bajo perfil casi impide que sus aportes fueran conocidos. Finalmente la Orden y algunos discípulos laicos lograron que publicara sus dos obras fundamentales de Metafísica y Teología natural, los textos de Sto Tomás con los cuales todos estudiábamos, comentados por él. Muchos que se dedican a Sto. Tomás deberían estudiar en profundidad los aportes de Ferro en temas como trascendentales, predicación predicamental y trascendental, la separatio, la analogía. En los 80 estaba muy influido por Cornelio Fabro en el tema participación. Hacia el final de su vida académica estaba muy conmovido por la encíclica Fides et ratio y él mismo comenzó a dar a su metafísica un giro antropológico. Su enfermedad no le permitió continuar. Pero creo que mi travieso “Deus simil dans esse…” me permitió leer su libro nunca escrito.


El día que murió, sobre todo a la mañana, estuve sumergido en la nostalgia. Sólo mi padre y Francisco Leocata pueden igualar lo que su palabra significó para mí. Ahora debe estar hablando con su querido Santo Tomás. Ahora todo lo que escribió, igual que a Santo Tomás, le debe parecer nada. Pero, por favor, querido Ferro, intercede para que tus nadas sigan alimentando al resto de los mortales y, sobre todo, a los que tanto te amamos y bebimos del cáliz de tu docencia.

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(1) Lo dije de memoria, NO porque "hablara" en Latín. Una traducción sería "Dios, al mismo tiempo que da el ser, produce aquello que recibe el ser".

domingo, 4 de septiembre de 2016

SOBRE MONSEÑOR AGUER Y OTRAS YERBAS



Tengo mil razones para no escracharme una vez más escribiendo marcianadas fuera de Marte, pero, en fin, una más ya no agrega ni quita nada a mi extraterroide existencia.

Mis amigos libertarios (otros extraterroides) cerraron filas, gracias a Dios, en la defensa de la libertad de expresión del mencionado Monseñor, aunque en la mayoría de los casos estuvieron en desacuerdo. Esto, que sería obvio, hay que agradecerlo hoy, una época donde la libertad de expresión ha sido sepultada bajo el derecho a la información y las supuestas discriminaciones de las cuales nos defendería el Inadi y otros soviets de la cultura estatista actual.

Pero, obviamente, el contenido de lo que dijo ha sido sumergido en un mar de absurdo y ridículo.

Por supuesto no es cuestión de defender a Aguer en cuanto a sus ideas políticas, que no comparto, ni tampoco es cuestión de ser –como algunos- un obseso sexual para el cual la moral pasa sólo por el 6to y 9no mandamiento. Tiene razón Francisco en que hay una jerarquía de verdades, sin cuyo entendimiento todo lo demás es letra muerta. Y en esa jerarquía de verdades los temas de moral sexual NO están en primer lugar.

Pero entonces me gustaría explicar cuáles son esas creencias previas que para los creyentes son tan importantes, aunque no me sienta con ninguna autoridad moral para hacerlo.

Los cristianos creemos verdaderamente que Dios nos crea en armonía total con él y que esa armonía es quebrada por el pecado original, de cuya culpa viene Jesucristo a redimirnos, estructurando con ello toda la historia de la salvación. Por eso el eje central de la Fe es la Fe en la muerte, crucifixión y resurrección de Jesucristo, y que todo eso lo hace movido por un amor y un perdón NO merecido por ninguno de nosotros. Por ende el eje central de la Fe y la moral cristiana es ese SI al amor de Cristo, y no una serie de “noes” colocados como una faja artificial a nuestra naturaleza.

Por eso, luego del pecado original, las relaciones con el prójimo quedan afectadas por el pecado, por la historia de Caín y Abel, que se repite incesantemente. Y entre esas relaciones con “el otro”, la relación con el otro sexo quedó muy afectada: luego del pecado original, la mirada al otro sexo como un instrumento a nuestro servicio es imposible de evitar. Excepto, claro, por aquello esencial que desciende de Cristo por su redención: la Gracia de Dios, por la cual nuestra naturaleza caída, finita, es curada, y elevada por la Gracia al amor a Dios y al prójimo. Y somos llamados a cambiar la mirada alienante por una mirada de respeto, de compasión, de entrega. Imposible para el hombre, posible para Dios, y por ende posible para nosotros mediando la Gracia de Dios.

Es por eso, precisamente por eso, que Cristo eleva el matrimonio al estado de sacramento. Con lo cual convierte a la unión entre varón y mujer en sagrada. O sea, para los cristianos el sexo es sagrado, y por eso el 6to y 9no mandamiento, que nos encuadra al enamoramiento y al matrimonio en una dinámica de sacralidad. Como el sexo es sagrado, no puede practicarse fuera de lo sagrado. El razonamiento no es tan complicado.

Lo complicado, después del pecado original, con estos y los demás sacramentos, es cumplirlos. Por eso los cristianos verdaderamente no juzgamos. Verdaderamente no conocemos el interior del otro como lo conoce Dios. Por lo demás, en esto como en todo, asumimos nuestras faltas como parte de nuestro humano camino a Dios, y por eso ninguno de nosotros se considera ejemplo de nada ni autoridad de nadie. Creemos, tratamos de vivir lo que Dios nos pide, pero viviendo a su vez del perdón de Dios y sin juzgar a los demás –lo cual no quiere decir que no podamos juzgar una conducta en sí misma, SIN juzgar la conciencia en su fuero interno-.

Por eso ni yo ni nadie tiene derecho a erigirse en juez en estos temas. ¿Quién de nosotros puede arrojar la primera piedra? ¿Quién es el inmaculado? Nadie, excepto la Virgen, por los méritos de Cristo, o excepto algunos que fueron bendecidos con la castidad perfecta como un regalo inmerecido de Dios, necesario para los planes de Dios: pero ninguno de ellos fue soberbio, todos ellos fueron humildes y se sabían pecadores, ninguno de ellos condenó, todos ellos miraban con misericordia a sí mismos y a los demás.

Pero, al lado de todo esto, NO es contradictorio decir, cuando la prudencia lo indique: esto no. Esto está mal. Por caridad, precisamente. Porque Cristo señaló un camino que es necesario a todos y otorgado libremente por su Gracia.


En este mundo tan enloquecido, ya casi no sabemos qué decir, ni cuándo, ni cómo. Sobre todo si nos enfrentamos con el odio, patológico o demoníaco. Pero todos los demás, neuróticos normales como yo, personales woodyalinezcos como yo, piénsenlo. 

domingo, 28 de agosto de 2016

LA IMPORTANCIA DE LA NOCIÓN DE ORDEN EN LA FILOSOFÍA DE LA FÍSICA DE MARIANO ARTIGAS

Advertencia: este trabajo es el borrador de lo que esperemos sea un día un trabajo más largo y más argumentado. No está listo aún para ser presentado en un journal. De todos modos lo publico en el blog como homenaje a Mariano Artigas y para promover el debate entre los interesados en estos temas.

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1.      La noción de orden.
En mi último artículo académico dedicado a la filosofía de la ciencia[1], desarrollé la tesis de que la noción de acercamiento a la verdad de Popper sólo podia salvarse con una filosofía de la Fisica donde ciertos valores considerados habitualmente epistémicos (unidad, simplicidad, coherente) fueran a la vez características ontológicas del mundo físico, y para ello recurrí, obviamente, a la filosofia de la Física de Mariano Artigas[2].
La filosofía de la ciencia de Mariano Artigas constituye, para mí, el más importante programa de investigación de armonía entre la filosofía de la naturaleza de Santo Tomás y toda la Física contemporánea. Lo cual no es poca cosa. En ese prpgrama de investigación, la noción de orden ocupa un lugar central.
Orden es una noción relacional, aunque no se reduce a la categoría de relación. Implica siempre una disposición armónica de elementos en torno a un fin. Artigas se preocupa siempre de distinguir el orden de la oganización[3], como un orden de los órdenes, que aparece sobre todo cuando habla de auto-organización de la materia, como veremos más adelante.
En ese sentido la noción de orden aparece como la contraria al ceos absoluto, y por ello el orden también puede endenderse como un cuasi-trascendental[4], como una analogía de proporcionalidad extrínseca entre el ser y la nada: el orden es al ser lo que el caos es a la nada.
Desde el principio del pensamiento griego, justamente la búsqueda del arjé era la búsqueda de una explicación de “por qué el orden y no el caos”.  No creo que los griegos se hayan preguntado “por qué el ser y no la nada”, porque esa es una pregunta típicamente cristiana (aunque Heidegger haya intentado patentarla), cuando la noción de creación hace ver la “novedad” del ser, el asombro ente el ser como “dado”. Antes, más bien, la pregunta era en torno a un principio organizador, un demiurgo de una sopa originaria. Frente a esa pregunta se “organiza”, precisamente, gran parte de la filosofia griega.
Aristóteles daría una respuesta que luego sería sabiamente incorporada al pensamiento cristiano por Santo Tomás. Aristóteles vio la forma sustancial precisamente como el principio ordenante de elementos que de otro modo devendrían hacia el caos.
Desde ese momento, sin embargo, una tensión inevitable surgió entre el atomismo pre-socrático y la teoría de la forma de Aristóteles. En el atomismo el principio unitivo entre los átomos era una forma accidental para Aristóteles, no una forma sustancial. Ese fue el problema. La noción de unidad asociada a la forma sustancial chocaba con la multiplicidad, multiplicada ad infinitum, del atomismo clásico. Pero esa tensión tuvo otro momento importante, cuando el neo-pitagorismo cristiano de los siglos XV y XVI[5] organizó nuevamente al mundo físico como una unidad matemática, geométrica, que podía explicar el orden de las novedosas “fuerzas” que movían a lo corporeo según círculos, parábolas y rectas, pero quedaba nuevamente afuera la noción de forma sustancial del cuerpo, elaborada por Aristóteles.
2.      El tomismo clásico ante ese panorama.
El neo-tomismo de fines del s. XIX y XX no sólo no podía ignorar la nueva ciencia emanada del paradigma copernicano-galileano, sino que tenía el elemento central, que siempre tuvo el aristotelismo cristiano medieval de San Aberto y Santo Tomás, para el diálogo con las ciencias: la noción de un universo ordenado como resultado de la creación[6].
Sin embargo, había que conciliar la forma sustancial con el atomismo de la nueva ciencia. Para ello dieronn un paso fundamental: recurrieron a la conocida fórmula de Santo Tomás para lo que clásicamente se llamarían los cuerpos mixtos[7]. ¿Cómo subsisten los elementos (el mínimo natural) en cuerpos –sobre todo los biológicos- que eran ya una organización de elementos, sin caer en la pluralidad de las formas sustanciales en el compuesto? La respuesta fue recuperar la teoría de la presencia virtual del elemento dentro de la química y física actual. La presencia virtual significa que los elementos se hallan en estado de potencia próxima al acto. Llevado eso a los átomos y moléculas actuales, ello implica dos cosas: una molécula de agua como tal tiene ya sus partículas atómicas y sub-atómicas en estado de potencia próxima al acto del acto de la forma sustancial de agua. Des-organizada esa molécula, los elementos –hidrógeno y oxigeno- vuelven al estado de “acto”, pero organizados por la forma, están en “potencia próxima al acto”. La misma molécula de agua, junto con millones de otras, organizadas en tejidos, aparatos y sistemas, organizados a su vez en la unidad de este mono singular, se encuentran a su vez en estado de potencia próxima al acto en relación al acto de la forma sustancial de mono (sostenido en el ser a su vez por el acto de ser dado por Dios en su causalidad essendi permenente).

3.      El segundo paso: Artigas.
Artigas –junto con Sanguineti en sus primeros libros[8]- representa un segundo e indispensable paso en esta dirección. Dada la quinta vía de Santo Tomás, todo el universo creado tiene un dinamismo[9] intrínseco hacia su fin, que es por un lado mantener el eje centra de su estructura organizativa, y por el otro lado ir hacia el fin último, que en el caso del mundo natural coincide con un principio antrópico fuerte[10]. Por lo tanto, el segundo elemento de todo ente natural es su estructuración[11], porque ese dinamismo tiende a su vez hacia estucturas cada vez más complejas y cada vez más unas. La estructura coincide con la noción de forma unificadora de Aristóteles; la mayor complejidad coincide con la evolución de las especies, y el “cada vez más unas” consiste en que el trascendental unum se va dando cada vez más, analógicamente, en los seres vivos superiores hasta llegar al ser humano, donde hay plenamente una unidad estructural alrededor de la cual se unifican sustancialmente los diversos sistemas, aparatos, tejidos, moléculas y átomos. Esa unidad tiene que ver con sistemas centrales de unificación[12], alrededor del ADN, y en esos sistemas centrales se vuelve a dar la noción de sustancia primera, y NO de organización accidental, pues precisamente muerto el organismo, ese organismo como tal deja de ser (allí se da la noción de trans-formación aristotélica).
En esa noción de forma se da también la información en el mundo físico, pues las partes y elementos de los sistemas centrales “saben” qué tienen que hacer[13], donde, nuevamente, la quinta vía de Santo Tomás y la conjetura actual del ADN quedan plenamente armonizadas.
En todo esto, la noción de auto-organización juega un papel central[14]. Es una de las nociones básicas de la filosofía de la Física de Artigas y una de las nociones integradoras de todo su sistema. La auto-organización es la contrario de la entropía: es la tendencia, el dinamismo, al orden, donde Artigas integra las teorías del big-bang, el evolucionismo, con el principio antrópico: hay una evolución del universo, desde sus condiciones iniciales contingentes, hasta la aparición de los primeros seres vivos en nuestro planeta, y la evolución de estos últimos hasta el ser humano. Cómo conciliar esto último con el azar no es complejo para Mariano Artigas. Nuestro autor recuerda que en Santo Tomás hay orden pero no un determinismo mecanicista[15]. La noción de per accidens por un lado, y falla por el otro, estaba plenamente incorporada en la filosofía de la física de Santo Tomás[16]. A su vez, este último habla de per accidens, contingencia y fallas en el universo físico precisamente cuando las concilia con la providencia divina[17] (no sólo eso, sino el libre albedrío y el mal[18], aunque eso ya no formaría parte de su filosofia de la Física).  Con esos elementos, Artigas conforma un evolucionismo creacionista. No porque desde la tesis cristiana de la creación se desprenda necesariamente el evolucionismo como hipótesis, sino al revés: porque el evolucionismo como hipótesis NO es incompatible con la tesis cristiana de la creación. ¿Y por qué NO es incompatible? NO porque Dios sea el primer eslabón físico de la cadena, el que “enciende” el big-bang como una causa fiendi[19], sino porque Dios es la causa essendi de toda la cadena física del universo evolutivo (que pudo haber existido siempre o no[20]), y porque el margen de azar necesario para esa evolución es totalmente compatible con la providencia divina: el azar de las causas segundas no es contradictorio con el no-azar de la causa primera.
Por lo tanto, ante la recurrencia de los debates actuales sobre Dios y la creación, o ante la insistencia de un Hawking en que la Física actual “probaría” la no existencia de Dios[21], Artigas se presenta como una instancia superadora del debate entre diseño inteligente y evolucionismo. Ese debate no tiene ningún sentido en la filosofía de la Física de Artigas, donde la creación forma parte de un arte divino que, según la famosa perla reitarada varias veces por Artigas, “…La naturaleza no es más que la razón de un cierto arte, a saber el arte divino, impreso en las cosas, por el cual las cosas se mueven hacia el fin determinado; como si el artífice que hace una nave pudiera otorgar a los leños que se moviesen por sí mismos para formar la estructura de la nave”[22].
Por lo demás, alguien podría decir que Artigas no daría el paso hacia el indeterminismo de la Física actual. No creo que sea así, primero porque el evolucionismo ya es un mundo indeterminisa, por la presencia del azar. Segundo porque varias veces Artigas toca el tema de la física cuántica[23], sin ningún problema, pero con un detalle que puede pasar inadvertido: se coloca en la interpretación realista del indeterminismo de la fisica cuántica, posición sostenida únicamente por Popper. Estas coincidencias –también en epistemolgía- entre Artigas y Popper forman parte de su último período, aunque lamentablemente su muerte impidió que le diera a esta punto un tratamiento específico[24]. Nos preguntamos si la tesis de Artigas no hubiera evolucionado a colocar también a la forma sustancial de los sistemas centrales como el principio del cual surge una “propensión” de algo previo a la dualidad onda-partícula a comportarse, dada una situación específica, ya como onda, ya como partícula, mas allá de la presencia del observador…[25] Me pregunto si este “detalle” tomista no sería –para sorpresa de muchos- lo que daría mayor sustento ontolígico al programa de investigación de Popper de una física cuántica realista y a la vez indeterminista…[26]

4.      Conclusión.
Mariano Artigas constutuye una de las filosofías de la física mejor estructuradas e inter-displinarias de mundo actual. Me pregunto si no son fuertes prejucios anti-religiosos los que hacen que sea menos conocida de lo que debería ser por su valor intrínseco. Artigas supera el debaten entre evolucionismo y creacionismo. Supera el debate entre física moderna y finalismo. Supera el debate entre atomismo y forma sustancial. Sugiere una física cuántica realista e indeterminista. Supera el debate entre realismo tomista y conjeturalismo popperiano[27]Supera el debate entre azar, necesidad y existencia de Dios. Supera el debate entre el big-bang y la Providencia. Supera el debate entre mundo físicamente finito, infinito y existencia de Dios. Y, aunque no ha sido objetivo de este modesto artículo reseñarlo, integra una forma sustancial espiritual con su cuerpo físico[28].
La obra de Artigas, como todos los clásicos, no es para repetir: es un método, un espíritu, una serie de tesis centrales abiertas a su propio progreso. Esa es la tarea que sus discípulos tenemos la enorme responsabilidad de asumir.




[1] “Una argumentación cualitativa a favor del acercamiento de las conjeturas a la realidad”, en Revista de Instituciones, Ideas y Mercados Nº 61 ( 2014)| pp. 135-150.
[2] De Mariano Artigas, ver: Filosofía de la ciencia experimental, Eunsa, 1989; El hombre a la luz de la ciencia, Palabra, Madrid, 1992; Lógica y ética en Karl Popper, Eunsa, 1998; La inteligibilidad de la naturaleza, Eunsa, 1992; La mente del universo, Eunsa, 1999; Filosofía de la naturaleza, Eunsa, 1998; Filosofía de la naturaleza, junto con J.J.Sanguinetiu, Eunsa, 1984; Filosofía de la ciencia, Eunsa, 1999. De todas las obras que hemos citado, La mente del universo es su opus magnus, su síntesis final, su obra maestra.
[3] Filosofía de la naturaleza, 1999, op.cit., cap. IV; La mente del universo op.cit., , cap. 3 punto 1; La inteligibilidad de la naturaleza, op.cit, cap. IV.
[4] Filosofía de la naturaleza, 1999, op.cit. Sobre este tema en Artigas, ver Miroslaw, K.: Orden natural y persona humana, Eunsa, 2000, p. 29. Este libro es una excelente síntesis de toda la filosofía de la naturaleza de Mariano Artigas.
[5] Al respecto, ver Koyré, A. Del universo cerrado al universo infinito, S. XXI, 1979; Estudios de historia del pensamiento científico, S. XXI, 1977; Estudios Galileanos, S. XXI, 1966; Kuhn, T. La revolución copernicana; Orbis, Madrid, 1985; The Road Since Structure; University of Chicago Press, 2000;La tensión esencial; FCE, 1999;  Feyerabend, P.: Tratado contra el método; Tecnos, Madrid, 1981; La conquista de la abundacia; Paidós, Barcelona, 2001.


[6] Tal la tesis clásica, citada en toda la obra de Mariano Artigas, de Jaki, S.: Ciencia, Fe, Cultura; Ed. Palabra, Madrid, 1990; y The Road of Science and the Ways to God; University of Chicago Press, 1978.

[7] Ver Artigas, Filosofía de la naturaleza, 1984, op.cit., p. 126.
[8] Op.cit.
[9] La inteligibilidad de la naturaleza, op.cit. cap. VI y cap. I; La mente del universo, op.cit., cap. IV.
[10] La mente del universo, op.cit., Filosofía de la naturaleza, op.cit., cap. X.
[11] La inteligibilidad de la naturaleza, op.cit cap. I
[12] Op.cit., cap. III, puntos 1 y 2.
[13] La inteligibilidad de la naturaleza, op.cit., p. 141.
[14] Op.cit., cap. IV punto 4; La mente del universo, op.cit., segunda parte; Filosofía de la naturaleza, 1999, op.cit., cap. IV.
[15] La inteligibilidad de la naturaleza, op.cit, cap. VI.
[16] Santo Tomás de Aquino, Suma Contra Gentiles, Libro III, 72 y 74. Hemos comentado extensamente esta cuestión en nuestro Comentario a la Suma Contra Gentiles, Instituto Acton, Buenos Aires, 2015.
[17] Suma Contra Gentiles, op.cit., Libro III, cap. 96; Libro I, caps. 66 y 67.
[18] Op.cit., Libro III, caps. 71 y 73.
[19] El error de suponer que el big ban es un argumento a favor o en contra de la existencia de Dios está muy bien expicado por J. J. Sanguineti en El origen del universo, Educa, Buenos Aires, 1994.
[20] Filosofía de la naturaleza, 1984, pp. 204-205.
[21] Hawking, S.: Historia del tiempo, Crítica, Barcelona, 1988.
[22] Santo Tomás de Aquino, Comentario a la Física, libro III, cap. 8, lectio 14, citado por Artigas en La inteligibilidad de la naturaleza, op.cit. p. 406; y La mente del universo, op.cit., cap. IV, punto 3, p. 219.
[23] Filosofía de la naturaleza, 1984,  op.cit., p. 83; Filosofía de la naturaleza, 1999, op.cit, Primera Parte, cap. 1; Filosofía de la ciencia, 1999, op.cit., p. 56.
[24] El que afortunadamente pudo seguir los pasos de Artigas fue Josep Corcó Juviñá, en Novedades en el universo: la cosmovisión emergentista de Karl R. Popper, Eunsa, 1995, con prólogo de Mariano Artigas, especialmente en el cap. IV.
[25] Hemos sugerido este tema en nuestro Comentario a la Suma Contra Gentiles, op.cit. p. 295.
[26] Ver al respecto Popper, K.: Teoría cuántica y el cisma en Física, Tecnos, Madrid, 2011. La importancia de este libro de Popper, donde concuerda con la visión realista de Einstein de la física cuántica pero SIN coincidir en el determinismo absoluto de Einstein, dándole su propia versión indeterminista, ha sido inadvertida o menospreciada por casi todos excepto precisamente por Mariano Artigas.
[27] Al respecto ver Lógica y ética en Karl Popper, op.cit.
[28] La mente del universo, op.cit., cap, 6; La inteligibilidad de la naturaleza, op.cit., cap. VII; El hombre a la luz de la ciencia, op.cit.; Filosofía de la naturaleza, 1999, op.cit., cap. X.